domingo, 6 de marzo de 2011

La vida está llena de tesoros



Hace muchísimos siglos, incluso milenios, en una tierra muy lejana y que hoy en día no existe, vivía Zuak, una neardental alegre y enamoradiza que sin saber muy bien por qué, y pense a lo poco que su mente le dejaba conocer, sentía que la vida tenía mil cosas por explorar y debía caminar fuerte para recodar sus pasos cuando estuviese triste, aunque para ella, eso fuera algo improbable, pues su mejor cualidad era sonreir todo el tiempo.

Zuak, como todas las mujeres de la tribu, se encargaba de recolectar frutos, curtir pieles y demás tareas propias del sexo femenino, pues los hombres, fieros y valientes, tenían como tarea la lucha por la comida con bestias a las que jamás una mujer podría enfrentarse, o eso pensaban ellos.

Un día soleado, cuando las nubes se hubieron ido del cielo que cubría el lugar, Zuak decidió adentrarse un poco en el espesor del frondoso bosque, pues probablemente allí encontraría nuevos frutos que les aportara las vitaminas y minerales de los que carecía la tribu a causa de la misma dieta que llevaban durante años.

Poco a poco y con mil ojos se adentró, sola sin que nadie lo supiera. Todo iba bien, salvo algunos repentinos sustos por el resquebrajar de algun palito que pisaba sin darse cuenta. Pocos mas incidentes.

Silenciosa y astuta como un felino, consiguió acercarse a un animal que jamás habia visto, antes
no sabia como llamarlo, ni si era fiero, si podría enfrentarse a él, tampoco sabía que comía, ni si la creerían cuando lo anunciara en el poblado por la noche.

Cuando hubo anochecido y todos cenado, Zuak se hizo con la atención de parte importante de la tribu y les contó a todos sobre su descubrimiento, sin embargo, como era de esperar nadie la creyó. Nadie excepto dos chicos jóvenes. Dos chicos totalmente diferentes, polos opuestos se podría decir, pero que entregaban su corazón a Zuak por el deslumbramiento y asombro de que una mujer hubiese conseguido algo así.
Noche tras noche, Zuak contaba las estrellas buscando una respuesta, una elección... ¿Cuál de los dos sería más apropiado para su futuro? ¿Sería bueno elegir a alguno y desvelarle el secreto
en toda su totalidad? ¿Lo aceptarían? Sabía que no, pero ella era enamoradiza...

Trastornada por no conseguir dar con una elección, Zuak decidió volver al sitio donde encontro a aquel extraño animal. Sin embargo, desilusionada por no encontrar a la bestia, volvió y decidió no elegir. Decidió elegirse a sí misma

Poco a poco la comodidad volvió al ambiente y salió numerosas veces de expedición a la búsqueda de nuevos secretos dentro de la jungla.
Cada salida se traducía a un nuevo descubrimiento, algo mágico que podía observar durante el poco tiempo que pudiera estar allí, pues sus nervios y miedo no la dejaban permanecer mucho tiempo frente a aquellos sucesos.

Con el paso del tiempo, Zuak entendió que las pequeñas cosas que descubrimos nosotros mismos son nuestro tesoro y que no debía enseñarlo, pues sino, uno de los dos, lo habría roto,
y es que a veces, es mejor ser feliz a tu manera a demostrarlo a los demás y traten de romper esos tesoros porque no son capaces de descubrirlos ni entenderlos por sí solos.