martes, 1 de marzo de 2011

¡Wynn está lleno de Wynnaceos! Capítulo III: Cerca del suelo


La velocidad de la nave aumentaba vertiginosamente mientras las llamas se expandían a los motores del lateral izquierdo. Zedt, Kyu y Knao sabían que estaba perdidos y su única esperanza era aterrizar aparatosamente elidiendo una de las más importantes reglas: discreción.

Kyu, ¿no se supone que todo estaba bajo control y era tan fácil aterrizar? ¡Vamos a morir todos! - gritaba Knao al capitán quién se afanaba por conseguir el levantamiento de la parte frontal para suavizar el choque.
¿Tú nunca te has equivocado de botón?, porque yo muchas veces he querido pulsar alguno y estúpidamente he pulsado la superficie que tiene a su alrededor. No es que yo sea estúpido o patoso, es la estúpidad Wynnacea. - se excusaba el capitán mientras empezaba a colocarse el chaleco salvavidas, pues había previsto aterrizar en el océano.

¡Hay que saltar ya! - vamos a quemarnos todos aquí dentro. El fuego se ha extendido por toda la parte trasera, el calor es insoportable y el humo apenas nos deja respirar. ¡Debemos saltar o de lo contrario moriremos calcinados!. - gritaba Zedt, quien aterrorizada buscaba una solución.

¡Tú estás loca! ¡No podemos saltar! ¡Nos mataríamos! ¡¿Te has fijado a qué altura estamos respecto a la superficie terrestre?! Ah, no, cierto, que tú suspendiste matemáticas. - vociferaba Knao presa del pánico.

¡Dejaos de estúpideces! Lo más lógico en estos momentos es rezar y así nuestros dioses, omnipresentes y que velan por nuestras vidas, nos salvaran y nosotros no moveremos ni un dedo. Ofrendas cada año y todo solucionado. - decía Kyu mientras se sentaba en el suelo, cerraba los ojos y empezaba a recitar una oración.

¡¿Pero qué haces?!¡¿Vamos a morir y lo único que se te ocurre es rezar?! - gritó Zedt.

¡Callaos, no puedo concentrarme!.- gritó el capitán.

En ese instante, debido al miedo y la desesperación, Knao y Zedt cerraron los ojos y se unieron a Kyu:

Kiin da' aniik uh Zazil
Kiich kelen Yuum
Tumen tian tii Te'enneé
Te'enneé ub Beelilen
Ma'alel Zazil,
Tumeén le Zazil loh
Tian ti te'enneé.

¡Mirad chicos! El Dios de la Luz ha escuchado nuestra súplica. El mar está más cerca por tanto podemos saltar sin ningún riesgo, sólo debemos cerciorarnos de no caer de mala postura. - decía Kyu con una sonrisa de oreja a oreja.

¿Y de verdad eso lo ha hecho Zazil o ha sido la gravedad? - dijó Zedt mientras acabó de colocarse el salvavidas y saltó de la nave.

¡Pero no hemos bendecido su salto! - gritó angustiado Kyu.

¡Adiós capitán!- se despidió Knao y de inmediato saltó.

Bien, ahora me toca a mí. ¡Zazil necesito un buen salto, hazme ganar esta Olimpiada! - pensó Kyu poco antes de saltar.

Todo pasó muy rápidamente. Estaba pescando en la playa para la cena de hoy cuando vi como se precipitaban al mar tres objetos de mediano tamaño. Al ver aquello, alcé la vista y vi que un extraño objeto brillante los acompañaba en la caída. Supongo que estarán a tres día de aquí. Debemos ir a ver qué nos ha enviado Dios de los cielos. - dijo Lyam, el chamán de la tribu que habitaba aquellas cálidas tierras donde la nave y los tres extraterrestres habían caído.

Saldremos al amanecer. ¡Que se prepare un hombre de cada familia!. - dijo Lyam, mientras encendía la hoguera que velaría por la seguridad del campamento aquella noche.


* La oración anterior es propia de la civilización maya. Su traducción al Español sería:
Invoco a la Luz
de la Divinidad
que habita en mí.
Yo soy un cristal
claro y perfecto
parte de la Luz.
Es la Luz quién me guía.