miércoles, 23 de febrero de 2011

¡Wynn está lleno de Wynnáceos! Capítulo I: Un sueño muy fácil de conseguir


Desde el espacio, la Tierra parecía mucho más interesante e infinitamente más impresionante: una enorme esfera redonda y casi completamente azul girando siempre en su órbita. La tierra reinaba sólo en un tercio de su superficie, aunque en ella apenas existía una parte libre de naturaleza pura. Todo estaba edificado, enormes edificios se alzaban como intentando retar a la gravedad. Larguísimas autovías en las que se erguían seguros puentes unían lo que el océano separaba.
Sólo hacía falta compararlo con otro planeta de su alrededor para saber que algo había hecho que la Tierra tuviera todo lo que los demás no parecían haber descubierto.

¿Estás segura de que quieres embarcarte en este viaje? Realmente, no sabemos si existen criaturas allí, ni siquiera si son seres racionales... - dijo el capitán Kyu a Zedt, quién parecía estar muy segura de su elección.

Hay tantas cosas por ver... La naturaleza, los seres que la habitan, esos edificios... No sé, creo que éste es el proyecto de mi vida. - afirmó Zedt mientras sonreía.

Cuándo acabó toda la formalidad necesaria para los papeleos, el chequeo de los trajes, el reparto de comida y demás follones que siempre se lían en Wynn cuando una nave salta al espacio, consiguieron despegar.
Los demás Wynnacéos, es decir, los habitantes de Wynn, miraban la nave con alegría, pues sabían que podrían hacer historia, pero también se podía apreciar una pequeña mueca de tristeza ya que en lo más profundo de su mente sabían que, probablemente, el escuadrón no volvería jamás.


Pasaron cuatro tediosos días antes de divisar la Tierra. Cuatro extraños días, llenos de complejidades, como cuando querían ir al baño, de racionamiento de comida, de intimidad nula y llenos de momentos en los que el pánico se coronaba como rey del Enestyuin.

Según mis coordenadas y demás datos que nadie entiende aquí salvo de mi persona, aterrizaremos en la Tierra dentro de dos horas. Exijo, como capitán del Enestyuin, que en el caso de que algo terrible nos aconteciera, la principal vida a salvar es la mía, pues nadie más sabe cómo funciona este trasto y sin mí, estáis igualmente condenados a la muerte.
Recordad que debemos ser cautelosos y armar poco revuelo, pasar entre ellos como uno más, pues no sabemos sus intenciones frente a extranjeros ni lo que son capaces de hacer.
Podéis tomar pequeñísimas muestras de plantas, frutos y demás, pero jamás, y repito jamás, podemos llevarnos de la Tierra a un humano, ¿de acuerdo? - dijo firmemente el capitán mientras esperaba la pronta respuesta de Knao y Zedt, su tripulación.