lunes, 22 de diciembre de 2014

Vientos de cambio, la suerte y otros intentos de alcanzar la libertad.


No suelo creer en Dios, no sé si existe el karma y no sé si siempre existe una luz para cada persona... Pero sí sé que creer en algo nos alivia en los momentos difíciles... Por eso aprendí a creer en la suerte..
La suerte no es estable, ni amiga de un lugar. La suerte es dueña de si misma y ama de parte de nuestras vidas.

Al igual que necesitamos creer en algo, nos aterra no poder controlar con nuestras manos, con nuestra fuerza, todas aquellas cosas que son importantes para nosotros. Nos bloqueamos, compramos más billetes de lotería de los que estamos dispuestos a aceptar económicamente, tratamos de no pasar por debajo de una escalera al igual que no abrir un paraguas bajo techado...

Y a veces, eso es lo bueno de la suerte, que no se puede controlar. Las personas suelen preferir creer en alguna fuerza espiritual, pues se supone que cuanto más dedicas tu vida a ello, más cerca tienes la ilusión de alcanzar el control.

Quizás lo primero que debemos aprender, todos y cada uno de nosotros, es a tratar de no controlar completamente aquéllo que nos influye, para por fin, llegar a ser libres.

Pero, ¡por favor!, no olviden que la suerte, (o mala suerte en su defecto), no dura para siempre ni se aferra a su vida. Trabajen por sus logros, pues sólo un necio dejaría su felicidad a manos de una dama tan caprichosa y no se desesperen cuando todo parezca ir mal, pues en todo existe un punto de inflexión el cuál se convierte en el punto de partida para empezar a alzar el vuelo. Pues siempre tienden a soplar nuevos vientos de cambio.